El Arquitecto de lo Invisible

«Hechos y lugares que quizá no existan, pero que cobran vida en el silencio del taller»
Mi viaje en el mundo de los dioramas no empezó con un pincel, sino con una curiosidad tecnológica que pronto se convirtió en una obsesión artesanal. En 2019, una impresora 3D de resina llegó a mis manos como un regalo sin manual de instrucciones para la imaginación. Lo que empezó como la impresión de pequeñas casas medievales, pronto reveló una verdad que cambiaría mi forma de crear: esas piezas necesitaban alma, necesitaban historia y, sobre todo, necesitaban luz.
«Del Píxel al Pincel»
Como montador de vídeo y realizador, paso mis días construyendo relatos a través de una pantalla. Sin embargo, en 27dioramas encontré la forma de llevar esa narrativa al mundo físico. Mis dioramas son, en esencia, «escenas congeladas» donde aplico la misma mirada que en el montaje audiovisual: busco el ángulo perfecto, la iluminación que genera tensión y el detalle que cuenta una historia sin necesidad de palabras.

«Capturando la esencia de lo invisible…»
«La evolución de una pasión»
Mis primeros pasos fueron modestos pero reveladores. Desde aquellos primeros separadores de libros (Booknooks) donde experimenté con la perspectiva, hasta el Cementerio Gótico, cada pieza ha sido una lección. Aprendí a manejar Blender para diseñar lo que no existía, a domar la resina UV —caprichosa según la temperatura— y a buscar en la propia naturaleza (ramas, piedras, texturas) los materiales para mis mundos.
Lo que comenzó como una aldea medieval que creció tanto que hoy descansa en cajas, se convirtió en una búsqueda personal por capturar leyendas, misterios y rincones históricos. Desde las crónicas de Ricardo de Montis en mi Córdoba natal hasta los pasillos asfixiantes del Hotel Overlook o la bruma de la Santa Compaña.
Mi Filosofía
«No entiendo el diorama como una simple maqueta. Para mí, es un desafío multicanal. Cada obra es un equilibrio entre la precisión tecnológica de la impresión 3D y la calidez del trabajo a mano: el envejecimiento de la piedra, el óxido real de una tubería de cobre y esa iluminación LED que, al encenderse, transforma un objeto decorativo en una ventana a otra realidad.»
